Aunque el titulo pueda sonar dramático, la verdad es que no tengo problema en reconocer que durante mi vida de maquetista, ha habido maquetas que odio. Todos tenemos maquetas con las que no quedamos contentos, y esta columna no se refiere a ellas. Acá me refiero a todas esas maquetas que por una u otra razón producen tremendo desagrado y rechazo. Las parias de la colección. En mi caso, se trata de solo una maqueta en mi colección y que luego de varios años, aún se encuentra inconclusa. Esto es muy raro, ya que soy capaz de terminar varias maquetas al año (quizás 15) y nunca tengo más de 3 o 4 a medio camino. Por esta razón, creo que la historia de este avión merece ser contada.

Mi colección siempre ha tenido una que otra maqueta que se escapa de mis temas típicos, pero nada como un Dewoitine D.520 (Hasegawa 1/72). Este pequeño caza francés tiene como único mérito (opinión personal) el ser uno de los pocos de producción y diseño franceses en acción en las fuerzas aéreas francesas de ambos bandos. No solo en performance se vio superado por sus pares de la época, si no que visualmente me parece horrible en comparación al Mustang, Bf109, Spitfire, Zero u otros. Entonces ¿Por qué razón compré la maqueta? En una de esas típicas movidas estratégicas para ahorrar costos de envio al comprar en Ebay, un vendedor tenía un par que me interesaban y además ofrecía el D.520 a precio casi regalado. Estaba a medio camino y con una bonita cabina detallada con fotograbados. Era un proyecto rápido a buen precio, pero en la realidad parece que el vendedor también se rindió con este pequeño avión.

Varios meses después, tocó el turno de armarlo. Me di cuenta que la cabina y sus fotograbados no estaban completos, pero lo arreglé sin mayores contratiempos. Luego me di cuenta que las calcas estaban resquebrajadas (posiblemente quemadas), por lo que era necesario invertir casi 3 veces el costo de la maqueta en un set de calcas. Quizás lo hubiese hecho, pero luego de estudiar las instrucciones descubrí que necesitaba comprar cuatro tarros de pintura nuevos para el camuflaje francés de la época (5 colores en total, mas amarillo). Colores más o menos específicos que mi colección de la época no tenía o que no era posible mezclar con las pinturas que tenía. Ustedes comprenderán que invertir en calcas y cuatro colores no es un gasto menor para un avión que no es de interés para mi colección. A pesar de esto, logré ensamblar fuselaje y alas, solo para luego dejarlo relegado por proyectos más interesantes. Luego de haber terminado varias maquetas, la presencia de este pequeño avión en mi escritorio y junto a otros proyectos en proceso de armado me comenzó a irritar cada vez más. Por alguna razón misteriosa, todos los errores que cometí en otros proyectos eran culpa de esa maqueta… De alguna forma se convirtió en yeta. Tenía que hacer algo.

Nuevamente intenté terminarla y esta vez tenía que ser la definitiva. No recuerdo muy bien lo que pasó, pero una tarde en mi taller una pieza transparente se quebró por un movimiento mal hecho con el cuchillo. No sé si fue intencional o no, pero en ese momento cuando debería venir el mini infarto que normalmente ocurre al ver una pieza rota, el sentimiento fue otro. Liberación y paz interior, como si un maleficio hubiese terminado. Esa era la respuesta. ‘Con una transparencia rota la maqueta no se puede terminar’, me dije con tal convencimiento que cuando recuperé la conciencia, ya había botado la caja con las piezas y calcas quemadas en el interior. ‘Mi amor, llevaré la basura afuera’ era la coartada perfecta para deshacerme de la evidencia. Y así el deber (u obligación) de terminar cada maqueta de mi colección ya no era tal.

avion1

¿Qué ocurrió con el avión sobreviviente (o parte de él)? No tuve corazón para deshacerme de él, por lo que se convirtió en sujeto de pruebas para distintas técnicas y materiales. De hecho, fue protagonista de la revisión de pinturas MMP. Más adelante sirvió para practicar repanelado y para hacer pruebas con pigmentos y barnices antes de usarlos en el M20. Su futuro aún es incierto y posiblemente el pequeño avión francés continúe en la repisa por algún tiempo más, hasta que ya no haya plástico utilizable. No es lo que esperaba para esa maqueta, pero alguien se tiene que sacrificar por el bien del resto de la colección.

Esto seguro que todos tenemos una maqueta de estas, que de alguna forma es imposible de terminar y si no se va a la basura, encuentra otra ocupación. En resumen, y aunque soy un ferviente fanático de todo tipo de plastimodelismo, también hay maquetas que detesto. Para evitar volver caer en lo mismo, reduzco mis compras a lo mínimo y manejo una colección de maquetas desarmadas lo más pequeña posible. También evito las compras del tipo ‘lo compré porque esta barato, no porque me interese mucho’, ‘me la dieron en descuento porque compre otra’ o ‘quizás más adelante lo arme (o revenda)’. Y lo más importante, comprar maquetas que me son visualmente atractivas y no bodrios como el D.520 (desde mi humilde opinión, quizás ustedes le encuentran alguna gracia)…

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