Algo que me gusta de internet y las redes sociales, es que siempre hay algo nuevo que aprender o conocer. En esta oportunidad, indagando por Google me encontré con una historia fascinante que resume una de las tantas razones por las que los pasatiempos son importantes. Esto no se debe a que el pasatiempo en cuestión sea uno que se relaciona con lo que nos atañe, sino que debido a esa conexión misteriosa entre lo que hacemos y lo que somos como seres vivientes y conscientes de nuestra existencia.

La historia de Mark Hogancamp, como la de todo ser humano, está marcada por altos y bajos, y simbolismos que se graban a fuego en nuestra existencia. Un veterano de la US Navy, conversando con cinco jóvenes en un bar, haciendo bromas sobre sus raíces alemanas en común, los nazis y algo sobre travestismo, derivó en un violento ataque. El alcoholizado (y alcohólico) Mark es golpeado afuera del bar casi hasta la muerte.

Las secuelas permanentes son daños cerebrales irreversibles. Su seguro de salud cubre solo la terapia básica para recuperar movilidad y volver a hablar, pero nada respecto a las secuelas emocionales. De alguna forma, todo lo que le queda son esos simbolismos que quedan en el inconciente. Todo lo demás se borró para siempre, pero vuelve en una forma inexplicable: El patio de Mark se convierte en la expresión de su imaginación. Las fotografías, en memorias. La ficción, en su propia historia.

La escala es 1/6 pero las historias son reales. Los malos son de la SS y los buenos son aliados. Hogancamp (a escala) es estadounidense y tiene una cicatriz como la que le hicieron con una botella. Las mujeres son Barbies. Bares, iglesias, casas, todo lo que un pueblo belga tuvo durante la segunda guerra mundial es su nuevo universo. Detalles excepcionales y fotografía que le ha merecido reconocimiento como artista, es todo lo que Mark tiene.

Sus historias fotográficas relatan una y otra vez el ataque, la forma en que se salva y la posterior venganza. Muerte, sangre y casamientos a escala esconden y a la vez explican las oscuras secuelas con las que Mark debe vivir día a día. Las figuras y réplicas en 1/6 no son un pasatiempo, son su vida presente, pasada y futura, y se convierten en una potente herramienta para expresar sus más profundos traumas.

De alguna forma, todos tenemos algo de Mark cuando nos sentamos frente a nuestros modelos para ‘relajarse’ después de un día duro de trabajo. O cuando algo nos molesta, nos sentimos mejor luego de unos minutos ojeando cajas, revistas o pegando un par de piezas. Ese es el poder terapéutico de los pasatiempos. La diferencia es que nosotros debemos agradecer que una vez terminados (o cuando el deber llama), podemos desconectar y volver donde nuestros seres queridos y recuperar todas nuestras memorias. El modelismo, aunque no nos sane, ciertamente ayuda a expresarnos. Ahora depende de nosotros leer las señales si es que algo no anda bien.

Les recomiendo el documental, es una forma completamente distinta de entender nuestros pasatiempos. Es una bonita historia (aunque a veces desconcertante) que te hace apreciar todo lo que tenemos.

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